Desde los inicios de la historia de la civilización se conocen reseñas sobre el ayuno. Los distintos pueblos, griegos, romanos, egipcios, musulmanes, etc, han practicado el ayuno por varios motivos. Los romanos, por ejemplo, tenían la creencia que les fortalecía y les dotaba de paciencia, para la batalla, tal y como creían los griegos. Muchas otras civilizaciones han utilizado los periodos de ayuno como parte de ritos, liturgias y creencias religiosas. En las grandes religiones del mundo hallamos referencias sobre periodos de ayuno para, mediante la depuración del organismo, poder conseguir estados elevados de conciencia y acercarnos a la espiritualidad.

Actualmente, aunque un buen número de personas recurre al ayuno como práctica de un estilo de vida integral, con el fin de depurar el cuerpo, fortalecer la mente y adentrarse en la espiritualidad, para muchas otras el ayuno suele tener unos fines un tanto banales. Acceden al ayuno con la esperanza de alcanzar una rápida pérdida de peso, ¿pero que sucede realmente cuando practicamos un ayuno?.
La práctica del ayuno implica dejar de tomar alimentos sólidos y beber solamente líquidos como agua, infusiones y en ocasiones zumos.
Con el inicio del ayuno nuestro organismo deja de ingresar nutrientes desde el exterior, por tanto, es de vital importancia que se activen toda una serie de mecanismos para el aporte endógeno de glucosa, y así evitar un descenso patológico de la glucosa plasmática.
El ayuno provoca un estrés en nuestro organismo que activa sistemas de autorregulación. Estos se encuentran pasivos por la forma de vida actual con un aporte continuo de alimentos. El estrés se produce como una respuesta adaptativa a la privación de alimentos, desencadenando una alteración a nivel hormonal y neuroendocrino, donde las diferentes hormonas movilizan las reservas del organismo. Estos mecanismos que se activan, según los investigadores médicos Dr. Kokosov y Dr. Maxinov son los responsables del efecto terapéutico del ayuno. Mejoran los niveles de glicemia, colesterol, triglicéridos y paralelamente se disminuye el gasto energético.
En primer lugar la obtención de la glucosa se obtiene de la almacenada en el hígado (glucógeno hepático), una vez esta glucosa se agota empieza la lipólisis, que consiste en la obtención de energía utilizando como sustrato energético los triglicéridos del tejido adiposo. Los estudios realizados hasta el momento en animales, han demostrado que las proteínas sólo abastecen el 4% del gasto energético, mientras que el 96% restante se realiza a expensas del tejido graso. El organismo en esta segunda fase del ayuno, se adapta a la situación y economiza sus proteínas. Esta fase puede durar mucho tiempo, dependiendo de las reservas grasas del organismo.
Este mecanismo fundamental del ayuno, la economización de las proteínas, es común en todos los animales. Todos estos procesos se activan paralelamente con mecanismos ahorradores de energía para asegurar la supervivencia.
El ayuno ha enfrentado a detractores y defensores a lo largo de los últimos años. En el año 2007 el doctor Benjamin Horne del Centro Médico Intermountain en Utah, aportó un poco de luz a esta discusión. El Dr. Horne detectó en un estudio realizado con la comunidad mormona, que realizan un ayuno de 24 horas al mes, que presentaban un 39% menos de riesgo de padecer patología cardiovascular. Se debe tener en cuenta que los mormones también tienen la prohibición de fumar y consumir alcohol, que son dos de las principales sustancias que aumentan el riesgo cardiovascular.

A raíz de este hallazgo el Dr. Horne siguió con dos estudios más llevados a cabo con personas voluntarias. Un grupo de investigación realizaba ayunos de 24 horas bebiendo sólo agua, y las 24 horas posteriores seguían una dieta normal. Y al otro grupo de voluntarios no se le aplico ninguna restricción alimenticia. Los resultados de este estudio mostraron que en el periodo de ayuno se genera una mayor liberación de colesterol, que permite que este sea utilizado como fuente de energía, y así se produce una reducción del número de adipocitos, que finalmente se traduce en un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, y en una menor probabilidad de presentar resistencia a la insulina o diabetes.
Con estos primeros resultados positivos se abre un nuevo camino para seguir las investigaciones, y conocer los beneficios del ayuno, mediante sólidos estudios científicos.
Como entendemos el ayuno en Mi Ayuno.
Entendemos el ayuno como una terapia integral que aúna cuerpo, mente y corazón para obtener un estado de bienestar.
Mediante la reducción de la carga digestiva que se produce al no ingerir alimentos sólidos, y tomar agua, infusiones, caldos vegetales y zumos de frutas, se favorecen los mecanismos de desintoxicación fisiológicos. Esto, unido a la práctica de una actividad física moderada, se traduce en una mejor gestión del estrés, y en un equilibrio emocional.
Todo este proceso se ve ampliamente favorecido si el ayuno se realiza en un entorno natural, al aire libre, con un menor número de agentes contaminantes que en las zonas urbanas.

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