El ayuno prolongado se refiere a abstenerse de comer durante periodos extensos, que suelen superar las 72 horas y pueden extenderse por varios días o incluso semanas. Durante este tiempo, el cuerpo entra en un estado de cetosis, utilizando grasas almacenadas como fuente primaria de energía. Esta práctica se realiza a menudo por razones terapéuticas o de desintoxicación y generalmente requiere una supervisión médica adecuada.
Por otro lado, el ayuno intermitente es un enfoque donde se alternan periodos regulares de ingesta de alimentos con periodos cortos de ayuno, como 16 horas de ayuno seguidas de 8 horas para comer. Es una práctica más sostenible y fácil de integrar en la vida cotidiana.